RAMIRO JACOME

Las Visitas.

Acrílico, 172 x 172 cm, 1995

"Los Pasos Perdidos

Camino con Ramiro Jácome Quito 1948 por el barrio de la Basílica. El templo que dió su nombre a la barriada luce encrestado, inalcanzable, ajeno a las calles y al las casas que se apretujan a su alrededor, refrendarias de penurias inmemoriables. En una de estas casas y por estas escuálidas calles transcurrió la infancia de Jácome. Pertenecía a una familia numerosa, rememora: once hermanos. La sonrisa se le escurre con un vaho de nostalgia por el rostro cetrino, terso, rasgados. Poco ha podido el tiempo con él desde más de veinticinco años que lo conozco, a no ser por las ráfagas grises que cruzan su pelo".

"Cruzado el espejo

A los quince años ya expone. Con i`a, Varea, Chiqui de la Torre, Pepe Unda. En 1968 muestra individualmente. De los veinte cuadros que exibe, diecinueve fueron adquiridos.

... en 1969 rompe rompe con los mandamientos de la cultura oficial, integrando el memorable grupo de los Cuatro mozqueteros, junto a Iza, Unda y Román. Su manifiesto es subversivo y libertario...... ....... Sí a la vida fecunda y doliente, el hombre escondido entre el bien y el mal. Sí a la genuinidad del arte en función de los pueblos.El escenario fue Guayaquil. Como contestación al Salón de Mayo, la 9 de Octubre fue testigo del deambular de un asno con su piel pintarrajeada de esmalte naranja, letreros en la frente y halando una carreta que divulgaba pancartas alusivas al siempre inasible tema del arte. Los nocharniegos aplauden su paso."

La telenovela.

Acrílico, 160 x 200 cm, 1978

Gemelos de Xibalbá.

Acrílico, 132 x 172 cm, 1997

"Tres sectores son los temas que descoyunta Jácome terrible, despiadadamente: las burguesías obesas y torponas cuyo único fin es el comodismo; las clerigocracias biendicientes del poder que olvidaron a Dios y a los hombres, y las militarocracias consentidas del poder, extrañas a la esperanza de los desposeídos, intocables.Todo esto dentro de un "feismo" sin repeticiones , ni truquismos, ni falseamientos. El arte de Jácome no miente ni finge. Fluye. Es denso ; trazos y manchas son mucho más que señales en tela; los espacios se tornan tensos; las figuras, casi siempre esperpénticas, brotan implacables, perturbadoras, quizás con los colores de la pesadilla de un creador genuino."